Los interminables reclamos del campo, puestos en caja de resonancia con la apertura de la exposición Rural, y los recientes reclamos gremiales por encima del porcentaje de aumento en los salarios, que el gobierno sugirió a los lideres sindicales afines, enmarcan un proceso directamente relacionado con las elecciones de octubre y la economía que se aplicará después del 10 de diciembre.
Hoy, el Banco Central tiene reservas por más de 40 mil millones de dólares. Esta cifra, tomada en retrospectiva, nos da una pauta de magnitud impensada desde los ´90 hasta ahora. La cuestión, para la administración K -la actual y la venidera-, es que hacer con tamaña cifra. De ello dependerá el futuro del matrimonio presidencial en la política vernácula.
Y, por otro lado, imprime sentido a los reclamos de los sectores tan opuestos como el empresariado terrateniente y el laboral. Ambos apuntan a llevarse una parte sustancial de estas reservas, por la vía que puedan. Llámese subsidios o baja en las retenciones, por un lado, o aumento de salarios y mejoras en las condiciones laborales, por el otro.
Y esto definirá sobre que sector de la sociedad se recostará la nueva administración. También tendrá relación con el tipo de país que tendremos los argentinos a partir de la, hasta ahora, casi segura asunción de Cristina K como presidenta de los argentinos. Todo esto, inscripto en el marco histórico de la discusión social tal como viene planteándose desde 1946 a la fecha.
A partir de los ´90 y con las privatizaciones, de la mano de la receta impuesta por los organismos financieros internacionales, la ronda de Washington, la Ronda de Davos y sucedáneos, se agrega a este escenario, el sector de servicios, de amplio crecimiento en los últimos años. Y claro, el sector reclama para si, la parte del león en la torta de reservas. El aumento de tarifas, solicitado acá por las empresas, y en el exterior por los gobiernos donde asientan sus casas matrices, nos ponen en la disyuntiva. O aumentos tarifarios, o el caos. Ya no les alcanza con los subsidios que, para calmar su sed, les arrimara el gobierno, por ejemplo, al transporte público de pasajeros. Van por más.
Y decíamos que, lo que decida el tandem K, respecto de que hacer con las reservas, tiene que ver con el futuro del país. Con el modelo que tendremos los argentinos de cara a la segunda década del siglo.
Hasta ahora, Néstor K viene pendulando para recibir el apoyo de los sectores asalariados, pero no deja de acercarse a los sectores de la producción, de la mano de los subsidios. En la primera parte de su gestión, con apasionados discursos en que solicitaba al pueblo “que no lo dejen solo”, y en estos segundos dos años de su gestión, retocando los sectores álgidos de su gabinete, de cara a conformarlo más flexible a los intereses de los sectores económicos. De seguir en la misma dirección, el gobierno de Cristina, se acercaría aún más a los grupos económicos que vienen haciendo un fuerte lobby. De allí, tal vez, esa necesidad de un posicionamiento de la candidata en el exterior –EEUU y España-, antes de considerar el inicio formal de la campaña presidencial “a la antigua”, es decir, recorriendo el país, como lo hiciera el peronismo histórico -y no me refiero al reciente encuentro en San Luís-, o en los medios nacionales, como viene dándose en los últimos años.
Veamos pues, las alternativas. La menos probable, si Cristina se decidiera por recostarse en los sectores populares, brindaría una imagen cercana al chavismo. Entonces, el exceso de recursos, provenientes de las reservas, tendría destino en inversiones productivas. Un estado inversor en la producción y el consumo. Un estado empresario. Tendría como contrapartida, no solo la creación de fuentes de trabajo vía inversión -que el empresariado se viene resistiendo a hacer-, sino en mejoras en la distribución de la riqueza al crear empleo con salarios por encima de los convenios colectivos de trabajo. De ser así, habría en los salarios, una tracción a la suba que el empresariado se resignaría a aceptar después de una fuerte campaña contra el populismo del gobierno.
La reciente suba del monto no imponible para el Impuesto a las Ganancias, que pareciera estar enmarcado en lo antedicho, no podría resistir un análisis serio en este sentido. Si bien los beneficiarios son fundamentalmente de clase media baja –salvo en el sur patagónico-, el hecho de estar, los ingresos de estos sectores al límite, este beneficio se diluiría en el consumo. Simplemente en un mayor –no demasiado- consumo de estos sectores. No es, sin duda, una mejora en la distribución de la riqueza, sino un paliativo en la distorsión de los ingresos más bajos provocado por la devaluación y las políticas aplicadas hasta el momento.
La más probable, Cristina acercándose aún más a los sectores de alta concentración de la riqueza, acompañando su acercamiento con bajas en las retenciones, calmaría los reclamos del campo. Con subsidios y aumento de tarifas, lograría descomprimir los sectores de servicios y, fundamentalmente, el sector energético que, ya lo ha probado en los últimos días, se ha convertido en el árbitro del crecimiento de la industria. Tan fuerte es hoy este sector transnacional, que lograría sacarle al nuevo gobierno, una sustantiva tajada para inversiones que ellos no hicieron en su momento –ejemplo concreto, el gasoducto en construcción. No olvidemos que la petrolera más importante del país, REPSOLYPF, es de capitales dudosamente españoles y la principal transportadora de gas, TRANSENER, es de capitales ingleses.
Lo cierto, es que en la próxima administración K, bajaran sustancialmente las reservas y, tal como se ve hasta ahora, iría destinado a los sectores económicos que han concentrado la riqueza de los argentinos en los últimos treinta años.
Jorge Calza
Hoy, el Banco Central tiene reservas por más de 40 mil millones de dólares. Esta cifra, tomada en retrospectiva, nos da una pauta de magnitud impensada desde los ´90 hasta ahora. La cuestión, para la administración K -la actual y la venidera-, es que hacer con tamaña cifra. De ello dependerá el futuro del matrimonio presidencial en la política vernácula.
Y, por otro lado, imprime sentido a los reclamos de los sectores tan opuestos como el empresariado terrateniente y el laboral. Ambos apuntan a llevarse una parte sustancial de estas reservas, por la vía que puedan. Llámese subsidios o baja en las retenciones, por un lado, o aumento de salarios y mejoras en las condiciones laborales, por el otro.
Y esto definirá sobre que sector de la sociedad se recostará la nueva administración. También tendrá relación con el tipo de país que tendremos los argentinos a partir de la, hasta ahora, casi segura asunción de Cristina K como presidenta de los argentinos. Todo esto, inscripto en el marco histórico de la discusión social tal como viene planteándose desde 1946 a la fecha.
A partir de los ´90 y con las privatizaciones, de la mano de la receta impuesta por los organismos financieros internacionales, la ronda de Washington, la Ronda de Davos y sucedáneos, se agrega a este escenario, el sector de servicios, de amplio crecimiento en los últimos años. Y claro, el sector reclama para si, la parte del león en la torta de reservas. El aumento de tarifas, solicitado acá por las empresas, y en el exterior por los gobiernos donde asientan sus casas matrices, nos ponen en la disyuntiva. O aumentos tarifarios, o el caos. Ya no les alcanza con los subsidios que, para calmar su sed, les arrimara el gobierno, por ejemplo, al transporte público de pasajeros. Van por más.
Y decíamos que, lo que decida el tandem K, respecto de que hacer con las reservas, tiene que ver con el futuro del país. Con el modelo que tendremos los argentinos de cara a la segunda década del siglo.
Hasta ahora, Néstor K viene pendulando para recibir el apoyo de los sectores asalariados, pero no deja de acercarse a los sectores de la producción, de la mano de los subsidios. En la primera parte de su gestión, con apasionados discursos en que solicitaba al pueblo “que no lo dejen solo”, y en estos segundos dos años de su gestión, retocando los sectores álgidos de su gabinete, de cara a conformarlo más flexible a los intereses de los sectores económicos. De seguir en la misma dirección, el gobierno de Cristina, se acercaría aún más a los grupos económicos que vienen haciendo un fuerte lobby. De allí, tal vez, esa necesidad de un posicionamiento de la candidata en el exterior –EEUU y España-, antes de considerar el inicio formal de la campaña presidencial “a la antigua”, es decir, recorriendo el país, como lo hiciera el peronismo histórico -y no me refiero al reciente encuentro en San Luís-, o en los medios nacionales, como viene dándose en los últimos años.
Veamos pues, las alternativas. La menos probable, si Cristina se decidiera por recostarse en los sectores populares, brindaría una imagen cercana al chavismo. Entonces, el exceso de recursos, provenientes de las reservas, tendría destino en inversiones productivas. Un estado inversor en la producción y el consumo. Un estado empresario. Tendría como contrapartida, no solo la creación de fuentes de trabajo vía inversión -que el empresariado se viene resistiendo a hacer-, sino en mejoras en la distribución de la riqueza al crear empleo con salarios por encima de los convenios colectivos de trabajo. De ser así, habría en los salarios, una tracción a la suba que el empresariado se resignaría a aceptar después de una fuerte campaña contra el populismo del gobierno.
La reciente suba del monto no imponible para el Impuesto a las Ganancias, que pareciera estar enmarcado en lo antedicho, no podría resistir un análisis serio en este sentido. Si bien los beneficiarios son fundamentalmente de clase media baja –salvo en el sur patagónico-, el hecho de estar, los ingresos de estos sectores al límite, este beneficio se diluiría en el consumo. Simplemente en un mayor –no demasiado- consumo de estos sectores. No es, sin duda, una mejora en la distribución de la riqueza, sino un paliativo en la distorsión de los ingresos más bajos provocado por la devaluación y las políticas aplicadas hasta el momento.
La más probable, Cristina acercándose aún más a los sectores de alta concentración de la riqueza, acompañando su acercamiento con bajas en las retenciones, calmaría los reclamos del campo. Con subsidios y aumento de tarifas, lograría descomprimir los sectores de servicios y, fundamentalmente, el sector energético que, ya lo ha probado en los últimos días, se ha convertido en el árbitro del crecimiento de la industria. Tan fuerte es hoy este sector transnacional, que lograría sacarle al nuevo gobierno, una sustantiva tajada para inversiones que ellos no hicieron en su momento –ejemplo concreto, el gasoducto en construcción. No olvidemos que la petrolera más importante del país, REPSOLYPF, es de capitales dudosamente españoles y la principal transportadora de gas, TRANSENER, es de capitales ingleses.
Lo cierto, es que en la próxima administración K, bajaran sustancialmente las reservas y, tal como se ve hasta ahora, iría destinado a los sectores económicos que han concentrado la riqueza de los argentinos en los últimos treinta años.
Jorge Calza